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Rumba de Primavera

Siempre se ha dicho que lo que se planea nunca resulta como se espera, que esas cosas que surgen así como así, de la espontaneidad de sus creadores, son en la mayoría de los casos mucho mejores y a su vez más inolvidables; sin embargo, tengo que decir que no siempre las cosas son de tal manera. Que sería entonces de esos reinados y esas exuberantes ceremonias donde se emplea más de un año para poder hacerlas realidad. Será que si en vez de hacer todas las eliminatorias para el mundial de fútbol y luego el sorteo de los grupos se planteara un piedra, papel, tijera como eliminación y luego un pico y pala para determinar quién juega con quién, el mundial fuera más bacano de lo que ya es? Tal vez, pero eso es algo que nunca vamos a poder saber, o por lo menos no por ahora, a menos que organicemos un parche, bien ”desparchado”, que tenga por los menos unos sesenta integrantes para que luego se organicen en grupos de a seis, como mínimo, y luego se pongan los nombres de cada país, sin que nadie quiera ser Argentina o Alemania o mejor aun Brasil, o Italia, y luego empiecen todo el rollo de piedra papel tijera sin discutir, y que el pico y pala se haga sin rabonear ni mucho menos alegar porque como a nadie le importa jugar de primero o de ultimo, cierto?. Como quiera que sea el solo hecho de organizar tal recocha es algo que requiere planeación; de hecho una rumba, por espontanea que sea, requiere al menos de unas cuantas llamadas, algo de iniciativa y al menos un lugar donde reunir a la gente. El pasado 24 de abril, se llevó a cabo una de las mejores rumbas a las que yo haya asistido durante el último año, y lo digo no porque CAUSA fuera el organizador sino por el ambiente y lo sabroso de la gente con la que se compartió aquel espacio. Todo empezó como tres meses atrás, cuando las mujeres de CAUSA decidieron realizar una actividad que permitiera recaudar fondos para el programa SONRISAS en Caicedonia. Los que no saben que es el programa SONRISAS, pueden obtener mayor información en Facebook, programa SONRISAS; sin embargo, les voy a decir brevemente en qué consiste.  Este es un programa que pretende cubrir un total de 300 niños pobres en Caicedonia, Valle, Colombia, con revisión odontológica completa lo que incluye limpieza oral, calzas y conferencia educativa sobre la correcta forma de mantener una buena higiene bucal. Ok, como les venía contando, las mujeres de CAUSA decidieron poner su granote de arena y organizaron la rumba de primavera. Como es de costumbre se hizo un plan logístico general que determinó el lugar y la fecha del evento. Una vez ésto estuvo definido, se inició el plan de promoción de la actividad. Así que se hizo lo que se debía hacer, que el anuncio en Facebook, y tele marketing, ya saben llamar a los amigos e invitarlos a participar y conversar con la gente para recordarles lo de la rumbita. Esta clase de eventos son un boleto de lotería, algunas veces se gana y otras se pierde, sobretodo porque se cuenta con la buena voluntad de la gente, es decir, que no hay garantía de que todos asistan, porque así como un día dicen “sí, claro cuente conmigo” al otro día sucede algo que les imposibilita cumplir su palabra. Y es que con este ritmo de vida tan agitado, todos tenemos compromisos que normalmente no podemos memorizar o simplemente recordar y muchas veces nos comprometemos, sin quererlo hacer, a estar en dos partes a la misma vez. El 24 de marzo llegó y pues como suele suceder, a pesar de toda la planeación hecha, faltaron algunos elementos que tuvieron que ser sorteados a última hora y durante la marcha. Que no hay suficiente hielo, que la soda se va acabar, que son las diez y la gente no llega. En fin, toda una serie de situaciones que en ultimas nos ponen la sangre a circular y la adrenalina a trabajar para recordarnos que “no estamos dormidos, solo distraídos” (Facundo Cabral 2000). Mi versión de lo que pasó aquella noche, como siempre, solo será mi punto de vista y diferirá de la mayoría de los que estuvieron allí conmigo, o a lo mejor, coincidirá con todos, pero eso lo vamos a dejar solamente para los valientes que se atrevan a leer este artículo completo. Y todo empezó así: “termine de trabajar a eso de las siete de la noche. El día se había tornado largo y duro porque el clima, como siempre, me estaba recordando la tierrita y lo lejos que estaba de ella. El calor estaba un poco arriba y la humedad relativa como siempre al noventa y tanto por ciento de concentración, o sea, que estaba respirando prácticamente agua. Fueron seis fiestas infantiles que tuve que liderar aquella tarde. Los niños de edades entre los cuatro y los ocho anos, toman, pero además exigen de uno, el 100%. Que saludarlos, que explicarles y que mostrarles cómo, por dónde y  cuándo hacer las diferentes actividades de la fiesta.  Lo bueno del caso es que una vez uno entra en calor y se pone en los el lugar de los niños la fiesta resulta ser un espacio para crear más amigos, bueno amiguitos, que cuando uno menos lo espera resultan saludándolo en la calle o el centro comercial. Como sea, el sábado es el día de la semana que más horas trabajo porque empiezo a eso de las 8:30 am y termino siempre alrededor de las seis o siete de la noche. Una vez terminada la jornada en el gimnasio, fui a donde Luisa para dejar unas cuantas sillas y luego irme a la casa a descansar un ratico, tomar una ducha y ponerme “atrativo” para la rumba.  Pero el destino me tenía asegurado un día de 22 horas. El espacio estaba listo para la rumba, las sillas fueron debidamente acomodadas y el bar, que era mi lugar de trabajo, estaba casi desnudo y sin maquillaje. Ya que mi labor era esa, el bar, decidí organizar todo para que mi noche fuera lo más productiva posible sin tanto estrés. Moví la cerveza del lugar donde estaba y la puse donde creí que sería más funcional para mí. Coloqué el licor fuerte debajo del mostrador para así disponer de él de una manera más práctica y donde no fuera un obstáculo para nadie. El hielo y las sodas estaban en el refrigerador y el refrigerador estaba como a cinco o seis metros de mi centro de comando. Con semejante inconveniente decidí que una ponchera con hielo y agua serían un refrigerador bien práctico. Debido a que el agua es un excelente conductor de la temperatura, en este caso, las bajas temperaturas, todos los cuerpos sumergidos en agua bajo esas condiciones adquieren la temperatura del ambiente circundante. Esta es una manera muy simple de conservar la cervecita, el agua en botella y las soditas en un estado bebible y refrescante, porque es que eso de tomarse una cerveza al clima, a menos de que uno este en el  Sumapáz, es muy duro. Aprendí este método hace como dos o tres años atrás cuando, durante la celebración del picnic de verano de CAUSA, Canan, un integrante de nuestra organización, me recomendó hacer lo que mencioné antes. Su concejo me salvó de desperdiciar como cinco bolsas de hielo. Una vez terminé de organizar mi refrigerador portátil y después de haber ubicado cada implemento en el lugar que lo consideré prudente, me acordé que no tenía lista la lista de precios de los productos que se estaban ofreciendo. Tomé un marcador negro, de esos permanentes, y en un trozo de cartón de una de las cajas que habíamos utilizado para transportar el licor. Escribí con la mejor caligrafía de la que fui capaz los costos para embriagarse y a la vez ayudar al prójimo. La cerveza a 3, el agua a 1, la picada a 5 y el trago fuerte a un poco más de 10. Ya, cuando todo estaba supuesto a estar listo y en forma para abrir el negocio, caí en la cuenta de que no tenía cambio. Algunos de nuestros primeros colaboradores, que fueron bastante tímidos en su inicio, quisieron pagar una soda con un billete de 20. Vaya lio, sin embargo, ese fue un signo; ese fue el presagio de que la noche sería algo mágica y en vez de asustarme, el corazón se me alebrestó, como queriéndome decir que todo se iba a poner un poco más sabroso. Antes de que abriera el negocio y mucho antes de que hiciera la lista de precios y despuesito de haber salido de trabajar, ví a tres mujeres vestidas de blanco. Sus figuras que las delataban como seres de otras dimensiones, se movían en una laboriosa intensidad alrededor de un fogón improvisado a las fueras de la casa de Luisa. Las tres tenían delantales; pude suponer que no querían que las ropas se mancharan o ensuciaran. Cuando me acerque un poco y empecé a saludar, vi a Orladiz a Stella y a Miryam García, algunas de las mujeres de CAUSA, quienes estaban fritando yuca, cocinando papas y friendo carnes para la famosa picada. Y es que estas jornadas de integración y recaudo de fondos para ayudar a los menos favorecidos siempre requieren un trabajo extra que nunca se ve y mucho menos se menciona, de mucho tiempo y bastantes ganas, sobretodo ganas porque de lo contrario no creo que hubiéramos amanecido vendiendo cerveza y mucho menos en medio del semejante aguacero que cayó esa noche. Pero no importa, así es que las cosas saben rico, cuando hay que lucharlas. Ya entrados en “business” el sitio se empezó a llenar, pero todavía me acuerdo de Orladiz y sus mirada cuando me preguntó “será que la gente si va a venir? Porque ya son las díez y nada que llegan” me sonreí, como siempre hago y le dije que no se preocupara, que la publicidad del evento decía “hasta las seis de la mañana”. Fue haber tenido esa conversación y de un momento a otro la gente empezó a llegar graneada. Un pareja de amigos de Orladiz, luego unos familiares de Stella y luego todo el mundo. Todo el mundo es todo el todo el mundo. El recinto se llenó de un momento a otro y la música pasó de ser una simple melodía en un recinto vacio a la rumba más tenaz. Todos saltando, gritando bailando y pasando un rato muy agradable. Como diríamos en términos más joviales “se nos llenó el chuzo”. Todas las sillas ocupadas, todas las mesas llenas y como a eso de las 11:30 a buscar más sillas. Juancho que había llegado a eso de las 10:30 o tal vez 11:00 pm, salió con Sabas en busca de más asientos porque los comensales estaban de pie y como se proyectaba la jornada íbamos a estar recibiendo más gente. Mientras unos bailaban, otros servíamos cerveza y otros fritaban chicharrones, otros estaban dándose una suculenta ducha de agua de cielo a la media noche. Si señores esos fueron el viejo Juancho y sabitas quien tenía un resfriado violento, pero como él mismo dice “al no haber más, con mi esposa me acuesto”. Les tengo que confesar que esas sillas adicionales en su momento fueron de gran ayuda, pero unas cuantas horas más tarde se convirtieron en minas tumba latas. Ya todos entraditos en copas y con la efervescencia de la música empezaron a perder el tacto, así que el equilibrio se hizo menos estable, la coordinación más torpe y los movimientos más brusco; resultado final: sillas para aquí, sillas para allá, que déjeme pongo el trago aquí, que espere que deje el trago allá, que se me cayo la cerveza, que se me rego el coctel. En fin, gracias a Dios teníamos suficiente papel toalla y esos apuros solo fueron cuestión de un momentico y sin más que decir al respecto la rumba siguió. En su punto más álgido, la rumba abrió un derroche de amistad sin igual. Así fue como Orladiz, y Canan, si no estoy mal, se fueron de mesa en mesa solicitando donaciones. Las manos se veían con ávida intención de ayudar y las donaciones fueron en la alcancía de nuestra CAUSA sin preguntas a preguntar. “que verraquera” me decían los asistentes que no creían lo bueno que todo estaba pasando. “Que con mucho gusto nos volvían a ayudar, que no los dejáramos de invitar”. Y es que al son de ayudar y pasarla bien todos salen ganando. La música excelente, Jaimito, como lo llamamos en el ámbito popular, hizo alarde de un repertorio bastante amplio y variado de los diferentes ritmos de nuestra crianza musical dejando complacido a todo el público asistente. Así, cuando la noche parecía caer en las garras del despecho y la modorra, surgía la furia africana y su herencia salsera en tandas de timbal y clave que alborotaban a los presentes para bailar sin parar. Luego que un vallenato, que una ranchera, que la salsa otra vez y una de Johnny de Rivera. Variadito y alternado se nos pasó la noche sin notarlo. “que ya me voy” dijo Jaimito, algo fatigado. “pero te dejo mi equipo para puedas poner música”. El lugar de trabajo del viejo “Jimmy” se encontraba al extremo diagonal opuesto al mío, y la verdad asumir esa responsabilidad no fue de mi interés, ya que mis preferencias musicales tan solo alcanzan a un poquito de salsa, algo de latín jazz, alguito de baladas pero bien poco de vallenatos. Miré el reloj y a eso de las 4:30 de la madrugada del 25 de abril, me acerqué a Luisa y le pregunté si quería seguir poniendo música. Su respuesta seca y firme fue: “no, ésto se acabó”. A éste punto del encuentro muchos invitados que habían cumplido su promesa de asistir se habían marchado. Los que quedaban estaban pasaditos de tragos y se veían con ganas de salir a descansar. Por eso fue que me retiré a mi esquina del sabor y dejé que señora de casa tomara el control. No más música, y gracias a todos por participar fueron las palabras que despidieron la rumba primaveral, aunque varios invitados nos acompañaron hasta la hora de apagar con varios tequilitas y cervezas por demás, que además de estar frías y frescas parecían no acabar. Terminé con mi labor. Cerré caja, entregué los dineros adquiridos en la barra y los sobrantes del licor comprado. Así, mientras se organizaba un poco el orden de las sillas y se recogían las botellas vacías de los rincones de aquel lugar, el reloj nos abrazó con su sexta campanada, un cielo nublado, muchas gotas de agua fría y una enorme felicidad. Y es que no hay nada mejor que la satisfacción de haber dado lo mejor y de haber hecho las cosas con ganas y bien; esas, mis queridos amigos, son las recompensas que nunca van a ser olvidadas y las pequeñas cosas que hacen nuestras vidas más sanas. A todos y cada uno de los asistentes, mil y mil gracias por su colaboración, sin ustedes es difícil cumplir con nuestra labor. Dios los siga bendiciendo y abundando para que nos sigan ayudando, y ya me despido porque si lo sigo rimando me sigo inspirando. A mi alegría una vez más gracias por la inspiración brindada. Por: Mario A. Rodríguez  


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No se supo a ciencia cierta cuantos fueron, solo se logró concluir que la participación había sido total. “Todos aparecieron de un momento a otro” dijo sabitas, quien había arribado al lugar de encuentro mucho tiempo antes de la hora acordada. Las mujeres se encargaron de la decoración y los hombres del trago y los cartones, mejor digamos tableros, del juego de BINGO. Todos tenían tareas asignadas, sin embargo, hacía falta una mano más que apoyara aquella CAUSA. Así fue que después de haber culminado aquellas doce horas de arduo trabajo con niños, y sobre todo después de haber ingerido algo de proteína, colesterol y carbohidratos, me vestí de jeans, botas de invierno, camiseta doble y mucho entusiasmo para disponerme a la CAUSA. Abandoné mi casa, con algo de frio y en especial escepticismo por la participación de nuestra comunidad. Caminé hasta mi carro y mientras lo hacía, pensaba en la posibilidad de encontrar la casa de Canán repleta de gente. No me había equivocado; muchas personas que nunca había visto y otras tantas que pertenecen a mi pie de fuerza se encontraban allí  riendo a carcajadas y haciendo bromas. Sus manos sostenían unos pequeños tableros los cuales cuentan con una selección diferente y aleatoria de números entre el uno y el 75 distribuidos debajo de las letras de la palabra BINGO, los cuales fueron repartidos y colectados por el tío “willy” el viejo “Juli”. Saludé como de costumbre, sin mirar a quien. A quienes conocía un abrazo y en algunos casos un beso; a quienes no un “buenas noches”, “como están” y en ciertas situaciones un estrechón de manos. Empecé a disfrutar la panorámica de aquella reunión. Algunos reían y disfrutaban de las bebidas mientras otros lo hacían de la comida ofrecida. La comida estuvo constituida básicamente y en su totalidad, por unas deliciosas empanadas que “Stellita”, como solemos llamarla, tuvo la bondad de preparar con la ayuda de sus hijas y amigas. Adriana y Myriam, se encargaron de sofreírlas y dejarlas listas para ser ofertadas a los asistentes del bingo. La cocina de Marcela, estaba atestada de gente y por supuesto de olor a familia. Me acordé en ese instante de las tardes en que la abuela Carmela acostumbraba a prepararnos arepuelas, una especie de arepa con forma amorfa pero de increíble sabor que a mí, a mis primas y primos y tíos en general fascinaba. Cada vez que la abuela preparaba sus arepuelas solíamos reunirnos en torno a su tan única y particular forma de hacernos felices, comiendo.  A mi ingreso en la casa se jugaba el tercer bingo de la noche, todas las personas estaban concentradas en sus números, y mientras yo pasaba por encima de ellos y les incomodaba un poco, se escuchó el grito ganador, “BINGOOO”. Luego sin más apremio otro grito, “BINGOOO”. Los ganadores tuvieron que pasar donde Mario, más conocido en el bajo mundo como “pateto”, quien se encargo de amenizar y dirigir los siete bingos que se jugaron y quien a su vez fue asistido por Mario, "el rolo", o sea yo. "Uyy chino" dijo "pateto", con su particular humor. Una vez constatada la veracidad de los tableros, se les entregó los premios a los dos ganadores que por razones obvias tuvieron que ser divididos equitativamente. Don Henry, quien ya contaba con algunas botellas de whisky en su sistema sanguíneo se encargó de la música y a la vez se dió a conocer en el ámbito discotequero como el DJ “G”. Su repertorio de salsa, vallenatos y demás ritmos musicales propios de nuestra herencia latina amenizaron los intermedios, donde por supuesto nos dispusimos a compartir, a recordar y a carcajear. “Empanadas frescas” se escuchó decir; claro, era Yo quien las ofrecía, pero ya todos estaban hasta la saciedad de aquella delicia culinaria. “A dólar, a dólar, miren que se acaban” tuve que prorrumpir, y de inmediato las manos empezaron a asomarse como en busca de un tesoro escondido.” Todo se vendió” dijo Orladiz quien estuvo al frente del evento junto con los otros organizadores. Fue un tremendo rato el que  pasamos y una excelente colecta de fondos. La jornada redondeó las seis horas de duración y después de haber disfrutado de la presencia de personas de casi todas las regiones de Colombia y algunos amigos de otras nacionalidades, nos dispusimos a limpiar y organizar al mismo tiempo que la canela en agua hervía para que el aroma a aceite usado y comida frita se desvaneciera. Cansado pero con la felicidad de haber cumplido la labor impuesta, me dispuse a salir, aunque la noche en aquel instante se dibujaba larga y divertida para la mayoría. Ya, cuando estaba de camino a casa, y el olor a comida y aceite quemado emanaba de mi ropa, comprendí que la unión hace la fuerza, y que nosotros, mis queridos amigos, somos capaces de producir mucha fuerza y por la tanto mucha unidad. El significado de sudar la camiseta va más allá de un simple juego de fútbol, es meterle ganas a lo que se hace y sobre todo a no perder la fé, a nunca dejar que nuestros sueños se desvanezcan en la incertidumbre de un después o tal vez mañana. Hoy somos y hoy hacemos, mañana…. mañana es un abismo muy grande que no sabemos si podremos sortear.      

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Noche de gala celebrando el vigésimo aniversario de CAUSA El interés, la entrega, el sacrificio y sobretodo la persistencia son los ingredientes para que un proyecto salga adelante. 20 años atrás, cuando aún yo no sabía que sería de mi futuro ni mucho menos quienes mis mejores amigos, un hombre y una idea empezaban a forjar lo que hoy representa mi mejor proyecto de vida. Dos décadas atrás se empezó a concebir la senda que hoy por hoy es el orgullo de un pueblo, el lema de centenares de hombres y mujeres que en busca de un futuro mejor dejaron su terruño atrás pero sin olvidarlo y la fuerza que a punta de esfuerzos y muchos deseos de ayudar, se presta a quien lo necesita allá, en la centinela del Valle. “LUZ DE ESPERANZA, ESLABON DEL SENTIR DE UN PUEBLO” ha sido la rúbrica que nos ha inspirado, el signo que ha marcado nuestras frentes como la haría la cruz de ceniza con los herederos del coronel Aureliano Buendía, para que a donde quiera que vayamos nos distingamos por ser una sola y única CAUSA sin el miedo de ser señalados, queridos o despreciados. El 24 de Octubre de 2009, tuve el orgullo de ser parte de la celebración de los veinte años de existencia de CAUSA, Colonia Caicedonita en Estados Unidos. Fueron muchos los llamados y muchos los recibidos en esta grata fiesta que honoró a varios de los miembros fundadores de CAUSA, a muchos colaboradores que sin parte directa de la organización han estado presentes en cada una de las actividades realizadas para recaudar fondos y que en especial brindó tributo a la labor de toda una vida trabajo; me refiero a el señor WILLIAM GOMEZ, quien ha sido la sangre, el corazón, los conductos y cerebro de esta empresa. Las lágrimas fueron normales, los aplausos imparables, el brindis obligado y la alegría inmensurable. Todos los asistentes disfrutamos de una deliciosa cena, exquisito ponqué de cumpleaños, económico licor y una formidable orquesta que nos puso a rumbear con musiquita de la tierrita. El restaurante bar “Sabor Latino” fue el punto de encuentro. Allí gozamos de lo mejor de la comida típica colombiana y una gran variedad de platos internacionales que bajo la soberbia decoración y estilos únicos de este establecimiento nos brindaron un verdadero calor de hogar. Lo que sucedió después no es muy difícil de imaginar. Todos fuimos a descansar a buscar el espacio propio para reflexionar y para reafirmar la idea inicial del agente creador. Hoy, solo puedo decir “gracias” y reiterar que estoy listo o a lo mejor, “estamos listos”, para otros veinte años “tío”. DIOS lo siga bendiciendo.